La administración de Donald Trump ha relegado por ahora una intervención militar contra Cuba y concentra sus esfuerzos en ampliar las sanciones y reducir las fuentes de ingresos del aparato estatal, según informó Bloomberg este viernes 14 de agosto. La estrategia busca generar fisuras dentro de la estructura de poder y aumentar la presión para conseguir negociaciones con La Habana.
Fuentes familiarizadas con las deliberaciones aseguraron al medio estadounidense que Washington considera más útil profundizar el aislamiento financiero que ejecutar una operación de fuerzas especiales como la realizada en enero en Venezuela, cuando fuerzas estadounidenses capturaron a Nicolás Maduro.
Trump apuesta por aumentar la presión económica sobre Cuba
El plan apunta a restringir recursos destinados a estructuras estatales, militares y empresariales relacionadas con la cúpula cubana. Funcionarios estadounidenses consideran que el poder en la Isla se reparte entre diferentes grupos, incluidos miembros de la familia Castro, mandos de las Fuerzas Armadas y dirigentes del Partido Comunista.
La opción militar no ha desaparecido de forma definitiva. Sin embargo, ha perdido prioridad mientras Estados Unidos mantiene otros compromisos militares y la Casa Blanca intenta evitar una operación terrestre en Cuba, de acuerdo con las fuentes consultadas por Bloomberg.
Washington también evalúa el riesgo de que un derrumbe sin control del sistema cubano provoque una crisis política, económica y migratoria a pocas millas de Florida. Un funcionario estadounidense dijo que la administración está dispuesta a comenzar “un nuevo capítulo” bilateral, aunque responsabilizó al actual liderazgo de obstaculizar ese escenario.
Nuevas sanciones golpean sectores estratégicos
La ofensiva económica se ha intensificado durante los últimos meses. Estados Unidos sancionó a Unión Cuba-Petróleo (CUPET) el 11 de junio y posteriormente, el 13 de julio, incluyó al Ministerio de Turismo y otras entidades estatales en nuevas medidas restrictivas.
El 6 de agosto, Washington añadió cinco entidades y ocho personas vinculadas, según el Departamento de Estado, con la adquisición de equipamiento militar para las Fuerzas Armadas cubanas y las relaciones de defensa con otros países.
Las restricciones energéticas y financieras coinciden con una crisis marcada por apagones, escasez de combustible, dificultades en el transporte y problemas para conseguir alimentos y medicamentos. Representantes de varios países ante Naciones Unidas han advertido sobre el impacto de las sanciones en servicios esenciales, mientras Washington responsabiliza también al modelo económico y a las decisiones de las autoridades cubanas.
Washington mantiene abierta la negociación
La Casa Blanca ya abrió contactos directos con figuras de la cúpula cubana. El director de la CIA, John Ratcliffe, viajó a La Habana en mayo y se reunió con el ministro del Interior, Lázaro Álvarez Casas; el jefe de inteligencia cubano; y Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro.
Pese a esos contactos, las conversaciones no han producido avances públicos. El canciller cubano Bruno Rodríguez afirmó a finales de junio que el diálogo permanecía estancado, aunque sostuvo que La Habana continuaba dispuesta a conversar bajo determinadas condiciones.

