Agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) arrestaron en los últimos días a Lázaro Vladimir Martínez Argundi, un cubano de 53 años, quien enfrenta un inminente proceso de deportación.
Martínez Argundi fue detenido en Lansing, Michigan, acusado de delitos sexuales graves relacionados con la explotación infantil. Estos crímenes están considerados entre las prioridades de deportación por el Departamento de Seguridad Nacional (DHS), pero Cuba se niega a recibir de vuelta a ciertos ciudadanos que hayan cometido crímenes federales.
Funcionarios de ICE lo han clasificado como uno de los “peores delincuentes extranjeros ilegales”, describiéndolo como un individuo “enfermo”.
El cubano fue incluido en una operación nacional que también resultó en la detención de inmigrantes implicados en delitos como asesinato, agresión doméstica y violación. Actualmente, Martínez Argundi permanece bajo custodia federal mientras se procesa su deportación, posiblemente hacia un tercer país.
Este caso no es aislado. A lo largo de los años, Cuba ha mostrado resistencia a recibir a ciudadanos deportados de EEUU que tienen antecedentes penales graves. Esta negativa se ha convertido en un punto álgido de las relaciones diplomáticas entre ambos países.
President Trump and @Sec_Noem are removing the WORST OF THE WORST criminal illegal aliens off our streets—including this SICKO.
Meet Lazaro Vladimir Martinez-Argundi, a 53-year-old citizen of Cuba. Martinez’s criminal history includes convictions for child sexual abusive… pic.twitter.com/Yb3LSoAmCa
— Homeland Security (@DHSgov) July 10, 2025
En ocasiones anteriores, Cuba se ha negado a aceptar a deportados, como ocurrió con Enrique Arias-Hierro y José Manuel Rodríguez-Quiñones, quienes debían ser enviados a Cuba, pero fueron trasladados a Sudán del Sur debido a la negativa del régimen cubano.
La repatriación de cubanos con antecedentes criminales es una cuestión compleja debido a la política migratoria cubana, que favorece la recepción de migrantes jóvenes y trabajadores. Las autoridades cubanas suelen rechazar a aquellos que presentan antecedentes criminales recientes, lo que dificulta la aplicación de acuerdos migratorios firmados previamente.
Ante la negativa de Cuba y otros países de aceptar a sus ciudadanos deportados, Estados Unidos ha recurrido a la práctica de enviar a estos individuos a países terceros. La administración Trump ha utilizado este enfoque para sortear la resistencia de naciones como Cuba.
La administración Trump ha negociado con varios países, incluidos Costa Rica, El Salvador, Guatemala y México, para aceptar a deportados de diferentes nacionalidades. Aunque algunos países han accedido, otros se muestran reacios, lo que agrava la situación.
La política de enviar deportados a países sin vínculos con ellos ha generado controversia. Defensores de los derechos humanos han cuestionado esta práctica, argumentando que pone en riesgo a los deportados, especialmente cuando son enviados a lugares con violaciones de derechos humanos o conflictos internos. Expertos legales han señalado que estas deportaciones podrían violar el derecho internacional al poner en peligro la seguridad de los migrantes.
A pesar de las críticas, la administración de Donald Trump ha continuado con este enfoque, presionando a más países para que acepten deportados, incluso mediante incentivos financieros.
Especialistas legales han explicado que EEUU tiene la obligación legal de no deportar a personas a países donde puedan enfrentar tortura o tratos inhumanos, pero, al mismo tiempo, se enfrenta a gobiernos que se niegan a recibir a sus nacionales, lo que crea una situación difícil de resolver.
Cubano arrestado en EE.UU. enfrenta deportación por delitos sexuales graves. Su caso revela las tensiones diplomáticas y los obstáculos en la repatriación.

